quarta-feira, dezembro 12, 2007

«Me he sentido siempre muy arropado y respetado por mis alumnos»

«Me he sentido siempre muy arropado y respetado por mis alumnos»
Oviedo, Marco RODRÍGUEZ

Asturias se cruzó en su vida, pero fue un cruce tan fuerte que decidió quedarse para siempre en su capital, en Oviedo. Vino de Japón a España llamado por la curiosidad de conocer mundo y de la mano de sus dos pasiones, el judo y el teatro. Takeda, un compañero de judo de la Universidad, le requirió como profesor para un gimnasio que acababa de abrir en Oviedo. Era un reto para unos meses, hasta que conoció a su mujer, Ángela, y todo se precipitó. De toda esta historia, Asturias ganó un gran maestro de artes marciales por el que han pasado más de seis mil alumnos en los últimos cuarenta años. Pionero en nuestra región, es además autor de varios libros y textos oficiales de la Real Federación Española de Judo y trabaja en una edición ampliada y mejorada de un libro sobre judo que ya publicara el Comité Olímpico Español hace quince años. Es el legado de agradecimiento que piensa dejar a sus alumnos, a sus amigos y al judo español. Nacido en la ciudad japonesa de Asahikawa, en la provincia de Hokkaido, al norte de Japón, y a sólo unos kilómetros de Sapporo, donde Paco Fernández Ochoa se colgó el oro olímpico en los Juegos de Invierno de 1972, este octavo dan de judo es además asesor técnico de la Federación Asturiana, profesor numerario de la Escuela Federativa Nacional, de la que es miembro honorífico, diplomado por la Federación Española como «maestro de alto grado», director nacional del departamento del equipo preolímpico español (1985-1987) y seleccionador nacional del equipo junior masculino (1987-1989). Tras su reciente retirada, el viernes recibirá un homenaje en Oviedo, por lo que se encuentra muy emocionado. Sin abandonar la esencia de sus enseñanzas, Taira reconoce que se ha occidentalizado con los años y posa orgulloso con la Copa Schweppes que consiguió en el año de su llegada a España. -Ha ganado innumerables trofeos como judoka. ¿Por qué le tiene tanto cariño a éste? -Lo gané en España nada más llegar. Era mi último torneo, como puente al inicio de mi etapa como educador, pero me presenté en Madrid con el objetivo de darme a conocer en España y lo conseguí. Era el año 1967, el Torneo Internacional «San Isidro» de Madrid, la Copa Schweppes. Yo era entonces cuarto dan y aquél era un «open», un torneo abierto en el que competías con judokas de todos los pesos. Tuve que vencer en nueve combates para llevármelo y, salvo uno, lo conseguí en todos por ippon. Por aquel entonces sonaba muy extraño escuchar por los altavoces que llamaban al tatami a un judoka japonés. Hoy en día me encuentro con judokas que estaban en aquel campeonato, que hoy son grandes maestros y altos cargos del judo español, y aún lo recuerdan con admiración.

-¿Por qué su llegada a España? -Desde pequeño me dediqué intensamente a dos actividades, el judo y el teatro. Al finalizar mi carrera universitaria, ingresé en una compañía teatral de Japón, las más famosa por aquellos tiempos. Quería conocer Europa para enriquecerme, tenía mucha curiosidad de conocer mundo. Estuve en Francia, en Suiza y finalmente llegué a Madrid. Aquí vivía un compañero de judo de la Universidad llamado Takeda, quien me comentó que acababa de abrir un gimnasio en Oviedo y necesitaba profesor. Él había ayudado en su apertura y por eso llevaba su nombre, gimnasio Takeda. Me trasladé sin pensarlo, pero con el planteamiento de que fuera para unos meses. Esto cambió mi vida. Conocí a Ángela, mi mujer, tuve dos hijos y decidí quedarme a vivir aquí.

-¿Cuál ha sido su mejor momento en Oviedo? -Ha habido muchos. Profesionalmente hablando, los dos primeros festivales internacionales de artes marciales. Conseguimos llenar el Palacio de los Deportes de Oviedo y fueron todo un espectáculo. Últimamente los resultados internacionales conseguidos por mis alumnos Carlos de Cima y José Joaquín Suárez en la modalidad de katas, que tanto he inculcado desde hace muchos años. Me he sentido siempre muy arropado y respetado por mis alumnos, he tenido mucha suerte. Mis alumnos son una prueba, una referencia del resultado de mi enseñanza.

-¿A cuántos alumnos ha dado clase? -He tramitado unas 250 licencias anuales durante cuarenta años sólo desde mi gimnasio. Hubo temporadas de quinientas licencias. Calculo unos seis mil alumnos.

-¿Reconoce que se ha «occidentalizado» con los años? -Yo pretendí desde el principio transmitir algo auténtico, la filosofía y cultura japonesas. Sí es verdad que con el tiempo me di cuenta de que no era posible realizarlo de una manera tajante. Si a un niño africano le cuentas que Papá Noel viene de un lugar tirado por trineos y donde hay mucha nieve, no lo entiende, porque nunca ha visto la nieve. Vi que tenía que ceder en una parte del planteamiento. Conocí a compatriotas que no salieron de esa trinchera y fracasaron, teniendo que volver a Japón porque no lo soportaron. Pero insisto en que no cedí demasiado, nunca perdí la esencia.

-¿Cómo ve el judo asturiano y español hoy? -En cuanto al judo asturiano, técnicamente se demuestra el gran nivel con los resultados de nuestros judokas en el panorama nacional e internacional de katas. Hemos sido muy exigentes y perfeccionistas en esto y hemos encontrado el camino. En cuanto a la competición, una comunidad uniprovincial siempre tiene problemas, de infraestructura y de todo tipo. Además, hoy los jóvenes no optan por deportes de sacrificio y de resistencia. No quieren competir, prefieren la diversión. En cuanto a España, hoy es referencia mundial. Hoy en día la selección japonesa viene a entrenar aquí, algo impensable hace unas décadas.

-¿Qué le parece el homenaje que se le rendirá? -No voy a valorar si lo merezco o no. Lo que sí reconozco es que tengo una profunda ilusión por encontrarme con antiguos alumnos, charlar con ellos y darles un abrazo. Estoy seguro de que el judo ha sido importante para ellos en su vida. Será el broche, el fin a mi etapa como docente. Me siento realizado profesionalmente, a pesar de los errores, que también los ha habido en estos años. Quiero decir a todos, gracias. A mis alumnos y a los ciudadanos de Oviedo, que siempre me han tratado con respeto, la mayor satisfacción que puede tener un ser humano.

-¿De qué manera seguirá vinculado al judo? -Sobre el tatami, nunca más. Se lo prometí a mi mujer y no le voy a fallar, porque tuve problemas de salud. Pero estoy totalmente dispuesto para quien necesite mis consejos y mis orientaciones. Aparte, llevo ocho años con tremendo mimo elaborando una nueva edición, mejorada y ampliada, de un libro que editó sobre judo hace quince años el Comité Olímpico Español. En un año estará listo y seguro que llamará la atención por su contenido. Abarca todos los aspectos técnicos de este arte marcial. Será mi herencia de agradecimiento a mis amigos, a mis alumnos y al judo español.
FONTE (photo include): La Nueva España - Asturias,Spain

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