FOTO: Su Raya La poesía erótica de Héctor Gerardo Para la mayoría de los artistas conservadores del pensamiento occidental del tercer mundo capitalista, el principal problema de contradicción residía en la posmodernidad y no en la revolución.Por Juan Carlos Espinal
martes 6 de noviembre de 2007, 12:00:00 AM (AST)
Para la mayoría de los artistas conservadores del pensamiento occidental del tercer mundo capitalista, el principal problema de contradicción residía en la posmodernidad y no en la revolución. ¿Cómo iban los escritores neocoloniales a convertir en poesía las lenguas vernáculas, habladas en idiomas de libertad y resistencia para el pensamiento convencional, al igual que habían hecho los artistas estructuralistas del periodo revolucionario de mediados de 1965?
Escribir poesía erótica en la era neoliberal, en lugar de utilizar el recurso mediático falso, que había sido la lengua obligada hasta bien entrado el siglo 20 habría arrojado al basurero de la historia toda poesía conservadora junto con el fez y el velo de las mujeres.
¿Qué habían de hacer los liberales con las tradiciones en países de cultura posmodernistas? Con una poesía liberal disidente que, aunque insinuante, pertenecía a la lingüística del poder popular?
Abandonar el pasado resultaba lo suficientemente revolucionario para los planes intelectuales como para hacer que las genialidades literarias llegasen a una fase de evolución contra otra, y que, incluso pareciese fuera de época o incluso incomprensible, sobre todo cuando el poeta tradicional solía ser, además, un activista político.
Existían modelos de poesía que parecían ser discursos originales más apropiados para quienes no tenían que sentir que su misión y su inspiración les conducía a ir a las masas para describir una imagen real de sus convicciones y testimonios. Para la mayoría de los talentos creadores del nuevo milenio, que ni se limitaban a los concursos de plagios y de corrupción intelectual, ni a sus infelices tradiciones, ni estaban simplemente asimilados, la tarea principal parecía ser la de descubrir, desvelar y representar la realidad onírica de sus sentimientos.
Al parecer, su movimiento literario era un realismo humanista. En cierto sentido, esa inspiración onírica unió al arte poético con las masas. Cada vez era más patente que el siglo 21 era el siglo de la revolución sexual, de la gente común, y de la poesía liberal dominada por el arte producido por ella y para ella.
Los poetas, especialmente los caribeños, no solo registraban los hechos de la historia y de la vida real, sino que, como los escritores escribían en periódicos de la elite y eran o había sido periodistas.
La poesía liberal de posguerra alcanzó la condición de un género aceptado de literatura y representación visual con contenido de crítica social, en gran medida por influencia de las ideas revolucionarias que ensalzaban el valor de los hechos frente al entretenimiento secular que la izquierda populista siempre había condenado como el opio de los pueblos.
La vanguardia de izquierdas pretendió convertir la poesía en un patrimonio universal autónomo, pero en los años de posguerra, incluso los artistas comunistas mas pragmáticos del negocio de la literatura y de las efímeras revistas culturales intercalaban la condición de intelectual con los rellenos en la programación, a la categoría pornográfica, a la vez que adoptaban las innovaciones técnicas de los noticiarios cinematográficos para sus producciones, sin grandes pretensiones, como se había experimentado en los años de juventud reaccionaria, para inaugurar una época dominada por la poesía de las revistas graficas.
Sin embargo, fuera de las capsulas intelectuales de la elite, la nueva poética liberal no floreció hasta después de la segunda guerra mundial. El triunfo de la nueva poética no se debe solo a la labor de algunas mentes comunistas superiores que descubrieron potenciales discursos de liberación a través del combate ideológico; a la creencia ilusoria de que la derecha intelectual representaba la autentica verdad histórica; y a los adelantos tecnológicos que hicieron posible el uso masivo del control social con contenidos menos sofisticados sino talvez ante todo al predominio creativo de la pasión.
Porque aunque aumento la difusión de la palabra impresa, acompañada, cada vez mas, de portadas en grabados, esta perdió terreno frente a la poesía comprometida del habla universal. En los nuevos paradigmas de la poesía liberal, el arte sensorial y la comunicación visual se beneficiaban mutuamente.
En las avanzadillas culturales el predomino de las capas sociales mas cultas y un cierto elitismo artificial se dejaron sentir en el discurso público, un medio de control de masas. Eso dio lugar a una nueva poesía contestataria, de la voz alta y sonora, del lenguaje social y, también del compromiso político en cuanto se levantó el manto de impunidad intelectual que había sofocado a sus grandes talentos entre 1930 y 1978.
Tal vez fue la intelectualidad populista de los años 30, y sus respectivas generaciones la que mejor supo conjurar las aspiraciones culturales de los poetas rebeldes, que nunca olvidaron la importancia del argumento, especialmente en las trincheras del amor o de la vida en clandestinidad y, en el deber de que la poesía revolucionaria tenia sentido en toda época y circunstancias.
Cuando el pensamiento liberal aplicó por entero sus principios, como ocurrió con la excelsa generación de poetas abrileños y de otras aventuras quijotescas, del arte militante comunista latinoamericano, sus obras adquirieron una dimensión universal. Así resultó, pero no sin que antes el populismo de la elite intelectual dominante y sus satélites culturales realizaran vanos intentos de resistencia.
¿Habrá nacido un vástago de la antigua escuela de artistas experimentales? De todos modos, la voluntad del genio nos ha hecho útiles.
Celebrémoslo.
enserioonline@hotmail.comCopyright:Diario @ Diario
martes 6 de noviembre de 2007, 12:00:00 AM (AST)
Para la mayoría de los artistas conservadores del pensamiento occidental del tercer mundo capitalista, el principal problema de contradicción residía en la posmodernidad y no en la revolución. ¿Cómo iban los escritores neocoloniales a convertir en poesía las lenguas vernáculas, habladas en idiomas de libertad y resistencia para el pensamiento convencional, al igual que habían hecho los artistas estructuralistas del periodo revolucionario de mediados de 1965?
Escribir poesía erótica en la era neoliberal, en lugar de utilizar el recurso mediático falso, que había sido la lengua obligada hasta bien entrado el siglo 20 habría arrojado al basurero de la historia toda poesía conservadora junto con el fez y el velo de las mujeres.
¿Qué habían de hacer los liberales con las tradiciones en países de cultura posmodernistas? Con una poesía liberal disidente que, aunque insinuante, pertenecía a la lingüística del poder popular?
Abandonar el pasado resultaba lo suficientemente revolucionario para los planes intelectuales como para hacer que las genialidades literarias llegasen a una fase de evolución contra otra, y que, incluso pareciese fuera de época o incluso incomprensible, sobre todo cuando el poeta tradicional solía ser, además, un activista político.
Existían modelos de poesía que parecían ser discursos originales más apropiados para quienes no tenían que sentir que su misión y su inspiración les conducía a ir a las masas para describir una imagen real de sus convicciones y testimonios. Para la mayoría de los talentos creadores del nuevo milenio, que ni se limitaban a los concursos de plagios y de corrupción intelectual, ni a sus infelices tradiciones, ni estaban simplemente asimilados, la tarea principal parecía ser la de descubrir, desvelar y representar la realidad onírica de sus sentimientos.
Al parecer, su movimiento literario era un realismo humanista. En cierto sentido, esa inspiración onírica unió al arte poético con las masas. Cada vez era más patente que el siglo 21 era el siglo de la revolución sexual, de la gente común, y de la poesía liberal dominada por el arte producido por ella y para ella.
Los poetas, especialmente los caribeños, no solo registraban los hechos de la historia y de la vida real, sino que, como los escritores escribían en periódicos de la elite y eran o había sido periodistas.
La poesía liberal de posguerra alcanzó la condición de un género aceptado de literatura y representación visual con contenido de crítica social, en gran medida por influencia de las ideas revolucionarias que ensalzaban el valor de los hechos frente al entretenimiento secular que la izquierda populista siempre había condenado como el opio de los pueblos.
La vanguardia de izquierdas pretendió convertir la poesía en un patrimonio universal autónomo, pero en los años de posguerra, incluso los artistas comunistas mas pragmáticos del negocio de la literatura y de las efímeras revistas culturales intercalaban la condición de intelectual con los rellenos en la programación, a la categoría pornográfica, a la vez que adoptaban las innovaciones técnicas de los noticiarios cinematográficos para sus producciones, sin grandes pretensiones, como se había experimentado en los años de juventud reaccionaria, para inaugurar una época dominada por la poesía de las revistas graficas.
Sin embargo, fuera de las capsulas intelectuales de la elite, la nueva poética liberal no floreció hasta después de la segunda guerra mundial. El triunfo de la nueva poética no se debe solo a la labor de algunas mentes comunistas superiores que descubrieron potenciales discursos de liberación a través del combate ideológico; a la creencia ilusoria de que la derecha intelectual representaba la autentica verdad histórica; y a los adelantos tecnológicos que hicieron posible el uso masivo del control social con contenidos menos sofisticados sino talvez ante todo al predominio creativo de la pasión.
Porque aunque aumento la difusión de la palabra impresa, acompañada, cada vez mas, de portadas en grabados, esta perdió terreno frente a la poesía comprometida del habla universal. En los nuevos paradigmas de la poesía liberal, el arte sensorial y la comunicación visual se beneficiaban mutuamente.
En las avanzadillas culturales el predomino de las capas sociales mas cultas y un cierto elitismo artificial se dejaron sentir en el discurso público, un medio de control de masas. Eso dio lugar a una nueva poesía contestataria, de la voz alta y sonora, del lenguaje social y, también del compromiso político en cuanto se levantó el manto de impunidad intelectual que había sofocado a sus grandes talentos entre 1930 y 1978.
Tal vez fue la intelectualidad populista de los años 30, y sus respectivas generaciones la que mejor supo conjurar las aspiraciones culturales de los poetas rebeldes, que nunca olvidaron la importancia del argumento, especialmente en las trincheras del amor o de la vida en clandestinidad y, en el deber de que la poesía revolucionaria tenia sentido en toda época y circunstancias.
Cuando el pensamiento liberal aplicó por entero sus principios, como ocurrió con la excelsa generación de poetas abrileños y de otras aventuras quijotescas, del arte militante comunista latinoamericano, sus obras adquirieron una dimensión universal. Así resultó, pero no sin que antes el populismo de la elite intelectual dominante y sus satélites culturales realizaran vanos intentos de resistencia.
¿Habrá nacido un vástago de la antigua escuela de artistas experimentales? De todos modos, la voluntad del genio nos ha hecho útiles.
Celebrémoslo.
enserioonline@hotmail.comCopyright:Diario @ Diario
FONTE: Diario@Diario - Dominican Republic
Nenhum comentário:
Postar um comentário