sábado, março 29, 2008

NAUFRAGIOS

Ribbon of fire
Gregory Goodman
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NAUFRAGIOS
Jesús J. BarquetEdiciones del AZAR, Chihuahua, 1998, 100 págs.

Desde 1981 la poesía de Barquet se nos ha venido dando como un reiterado ejercicio de supervivencia. Los títulos de algunos de sus libros revelan el prontuario de las fundaciones del autor: Sin decir el mar (1981), Sagradas herejías (1985), El libro del desterrado (1994) y Un no rompido sueño (1994), entre otros. Quizá por ello pueda entregarnos ahora este cuaderno de bitácora del náufrago insolente que no respeta las reglas del juego, que se niega al refugio ¿amable? de la tierra siempre recién pisada. En realidad más que a un Robinson Crusoe, forjador de un imaginario idéntico a sí mismo, Barquet se nos asemeja a un Odiseo trashumante, llamado siempre por la otredad, voyeur impenitente de su propio desconsuelo; o a un errabundo Melmoth, expulsado perenne, que no se habitúa a su condición excéntrica.

Naufragios –un texto de plena madurez– es una escritura que responde al poeta de las islas, territorios que son punto de encuentro entre el conocimiento, la palabra y la imaginación creadora. El hombre de las islas está condenado a segregar incontinentemente una topografía de lo imaginario, vive en el recuerdo de lo que no está ni ha sido. Su ambición suele concluir en el paisaje utópico y en el aislamiento. Sus laberintos lo conducen a toda suerte de diferencias y transgresiones. Ya no hay fronteras para el hombre de las islas. Encrucijadas de múltiples destinos (partir) y redes de la memoria (permanecer) las islas siembran la perplejidad de la paradoja en sus hijos. El mar es sólo una metáfora de la sal del camino (y del recuerdo).

El poeta de las islas es el sumidero de todas las culturas y su apetencia (también) es el conocimiento. Nada extraña que nuestro poeta se pasee con naturalidad entre "los jovenazos amigos del David de Michelangelo". En el babélico susurro que le llega de todas partes funde su voz y la fatiga hasta hacerla una, la propia. Su voz escribe la autobiografía de una interrogante que es su única manera de reconstruir la memoria y derrotar al desierto (esto no es una metáfora). Ahora el poeta es una isla rodeada de arena por todas partes, menos por el cielo (y la noche) y sus ensoñaciones. Así inscribe Barquet su palabra.

Los poemas de Barquet palpan una realidad cuya geografía es el desconsuelo, pero cuya certidumbre es el amor (es un decir). Falto de la cartografía apropiada, el poeta escribe sobre su cuerpo y nos entrega su inventario de ausencias. Este es el naufragio, épica desoladora de fragmentos irrecuperables, nostalgia de una devastación, las fervorosas huellas de un relato que se cuenta a sí mismo en innumerables variantes.

Pío E. Serrano

FONTE: naufragios

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