Sad reality in the Amazon by Henry Joshua Ruizview portfolio (22 images)
La ternura revolucionaria
JAIME LUIS MARTÍN
Hay poetas que escriben versos amasando palabras como quien construye un palacio de salas vacías, tal vez hermoso, pero frío e inhabitable; y hay poetas que escriben con la vida en la garganta, la voz rota y el temblor en el lenguaje, que acarrean una sentida inconformidad que les obliga a estar siempre en el límite, no rehusando el peligro. A estos últimos pertenece Juan Gelman, reciente premio «Cervantes», uno de los pocos poetas que en un tiempo donde todas las ideologías tienden a alcanzar un estado líquido mantiene la solidez de un compromiso político, próximo a una estética que relaciona lo biográfico y emocional con lo social. «La poesía», confesaba en una entrevista, «es resistencia frente a un mundo que se vuelve cada vez más cruel, cada vez más terrible, deshumanizante». Este admirador de San Juan de la Cruz, tan próximo a ese «sentimiento de la presencia ausente del amado», militante montonero que escribe a ritmo de tango «versos previamente llorados por la ciudad donde nací», arrastra, como tantos argentinos que padecieron la dictadura militar, el dolor de un hijo y una nuera asesinados, y de una nieta, nacida en la cárcel y dada en adopción a un policía uruguayo; víctimas de la feroz represión destinada a acabar con cualquier resistencia que oliera a comunismo en la que se vieron involucradas varias dictaduras del Cono Sur de América, asistidas por el Gobierno norteamericano. Y la tragedia llevó al poeta a construir endecasílabos allí donde se aloja «el capitalismo brutal / el duro trabajo / la estupidez / la muerte / las sirenas policiales cortando la noche». Fundador del grupo poético «El Pan Duro», apadrinado por el poeta Raúl González Muñón, publicaría en aquellos tiempos «Violín y otras cuestiones» (1956), «Velorio sólo» (1961) y «Gotán» (1962), pero sería con el poemario «Cólera buey» cuando inicia su experimentación con el lenguaje, ensayando nuevas formas y abriendo caminos por donde pudiese transitar su imaginario poético. En Juan Gelman se produce una hibridación entre lo popular y lo clásico, un dialogo fértil entre la lengua porteña y el verbo de Cervantes y Santa Teresa, con influencias de Vallejo, Pound, Eliot y Celan. En todo caso su poesía trata de acercarse a lo inefable -como define su oficio- mezclado con la urgencia de los tiempos porque «se fue otro mes / y no hicimos la revolución todavía». Su discurso se encuentra entre los más radicales de la poesía castellana actual, planteándose, de continuo, la función del poeta y del lenguaje, cuestionando la posición del lector y abriendo nuevos caminos expresivos. En su poesía ajena a modas, hecha de furor y sangre, de elipsis y metáforas, de tragedias y suspiros hay sitio, también, para los momentos de ternura: «una mujer y un hombre atados por sus labios / llenan la noche lenta con toda su memoria». Estos sentimientos impulsan un libro raro, «Dibaxu», escrito en sefardí y castellano, una extrañeza de breves poemas de amor que el propio poeta explica «como si la soledad extrema del exilio me empujara a buscar raíces en la lengua, las más profundas y exiliadas de la lengua». La voz poética de Juan Gelman nos interroga sobre la incertidumbre y agonía de la palabra en este comienzo de milenio, nos vacía con su dolor y hambre de justicia, pero sabiendo que aunque «padecemos un tiempo anterior, en realidad, anterior al sueño posible, a la humanidad posible, a su fulgor posible», la poesía continúa. FONTE: La Nueva España - Asturias,Spain
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