Alexis Naranjo busca regresar a la casa donde habita la poesíaA poco de su premio en el Festival de la Lira, Alexis Naranjo presenta hoy, a las 11:00, su séptimo poemario. Lleva el título de ‘Ámbar negro’.
Alcarás. Redactor
Pronto llovería. Aunque el sol brillaba con procacidad, las nubes se amontonaban, nudosas, en el filo de las montañas. Debajo del balcón de la casa de Alexis Naranjo, la ciudad dormitaba. El poeta se esforzaba por descifrar la génesis de esa música tersa. Esa resonancia de varios textos orientales. Hoy, a las 11:00, dos días luego de esa conversación, en la librería Rayuela (Germán Alemán E12 - 62 y Juan Ramírez ) habrá ocasión de escucharlo, cuando presente su séptimo libro de poesía, titulado ‘Ámbar negro’. La obra está editada por la Corporación Cultural Orogenia, como segundo número de la colección El verso.
Pronto llovería. Aunque el sol brillaba con procacidad, las nubes se amontonaban, nudosas, en el filo de las montañas. Debajo del balcón de la casa de Alexis Naranjo, la ciudad dormitaba. El poeta se esforzaba por descifrar la génesis de esa música tersa. Esa resonancia de varios textos orientales. Hoy, a las 11:00, dos días luego de esa conversación, en la librería Rayuela (Germán Alemán E12 - 62 y Juan Ramírez ) habrá ocasión de escucharlo, cuando presente su séptimo libro de poesía, titulado ‘Ámbar negro’. La obra está editada por la Corporación Cultural Orogenia, como segundo número de la colección El verso.
Fiel a su autor, la obra está hilvanada con hilos de una espiritualidad honda y sutil. Un aroma oriental perfuma los recursos simbólicos con los cuales trabaja Naranjo. La entonación, cándida y sabia, atraviesa los textos y los dota de cierta cohesión. “Hay un aire común que respiran todos los poemas. No me planteo proyectos ni intenciones. Más bien pasa que el poema se escribe a sí mismo y un grupo de poemas toma cierto matiz, cierta atmósfera, que lo une”.Ese ámbito común que habitan los textos de ‘Ámbar negro’ cruje con suavidad cuando el poeta lleva a cabo maniobras plásticas como la q ue sigue. La segunda estrofa del poema Onomástico dice: “Como el reptil y la máscara, ya no sueñas. / Como el reo y su sombra, ya no concilias en el sueño. / ¡Mas con qué alivio desgarras/ esas alas que en la tiniebla te brotan!”.Si se ha de buscar fuentes en las que ha bebido este libro, Naranjo se siente incómodo. Mueve los ojos en el vacío buscando hacia adentro. Luego dice: “Mi cotidianidad. He visto que hay como un partir de las estampas de cotidianidad. Y la cotidianidad de un viaje. Finalmente hay un viaje que se escapa de lo cotidiano y se encamina hacia lo que llamo La casa del incienso, o sea la casa del poeta, donde habita la poesía”.De esa casa ideal es de donde brota esa música interior. En realidad, para él, la figura del autor no tiene mucho sentido. El autor, el escritor, más bien es un ‘transcriptor’ de algo que le va llegando según se hunde en su mismo espíritu. Mientras más adentro, más intenso es el rumor de ese ritmo.
Este libro es una peregrinación hacia esa mítica, difusa, imposible casa. Las dos primeras partes (hay cuatro en total) están cargadas con símbolos y resonancias más inmediatamente cotidianas de Naranjo como el ruido de los autos, el brillo del asfalto mojado, croar de ranas en el jardín, centros comerciales y los personajes que configuran este universo.El título de esta primera parte, Hebdómadas, hace alusión al tránsito temporal de una semana. Y los poemas están repartidos, de tal guisa, según los días de la semana. Dentro de esta misma parte, la sección Élitros (las capas endurecidas que cubren las alas de los insectos) estiliza, volatiliza, esa cotidianidad en una espiral.Y ya se sienten vuelos como este, del poema La montaña Lu Shan en Quito: “En tu pequeño estudio/ cayendo de lo alto de su poema/ vertiginosa/ la cascada de Li Po se despeña”. Así, el itinerario vital de Naranjo se abre paso, sutilmente, hasta el poema final, La casa del incienso, que empieza así: “Si no encuentras la puerta de entrada/ prueba a encontrar la de salida”.En el texto que el poeta ha preparado para la presentación se cuenta que la idea del libro comenzó como un eco, una respuesta espiritual, a la lectura de una recopilación de koanes (pequeñas historias paradójicas usadas por los maestros zen). Fueron las excusas que desataron la música.Escribe el poeta: “Dice un koan: ‘Un día Manjushri estaba afuera cuando el Buda lo llamó. ‘Manjushri, Manjushri, ¿por qué no entras?’. ‘No veo nada más allá de la puerta. ¿Por qué debo entrar?’ Respondió Manjushri’. Yo anoté: Si no ves la puerta de entrada, prueba a encontrar la de salida”.
La obra‘Ámbar negro’ es un eco de la profunda impresión que le dejó a Naranjo la intensa lectura de un libro de koanes llamado ‘La flauta de hierro’. Luego de seis horas seguidas de lectura, el poeta fue tomando notas de las frases “que aparecían libremente en mi cerebro”. Esas frases fueron el germen lingüístico y filosófico de la obra.‘Sacra’, su anterior libro, ganó el Certamen de Poesía Festival de la Lira, realizado en Cuenca, en abril pasado. Ha publicado, además, ‘Profanaciones’, ‘ Ontogonías’, ‘El oro de las ruinas’, Interregnum’ y ‘ La piel del tiempo’.
La obra‘Ámbar negro’ es un eco de la profunda impresión que le dejó a Naranjo la intensa lectura de un libro de koanes llamado ‘La flauta de hierro’. Luego de seis horas seguidas de lectura, el poeta fue tomando notas de las frases “que aparecían libremente en mi cerebro”. Esas frases fueron el germen lingüístico y filosófico de la obra.‘Sacra’, su anterior libro, ganó el Certamen de Poesía Festival de la Lira, realizado en Cuenca, en abril pasado. Ha publicado, además, ‘Profanaciones’, ‘ Ontogonías’, ‘El oro de las ruinas’, Interregnum’ y ‘ La piel del tiempo’.
FONTE: El Comercio (Ecuador) - Ecuador
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